Roxana Herz

Título: #Amor89

(…) El arte pertenece al terreno de la fantasía y la fantasía no es otra cosa que arbitrio, permite combinaciones y variaciones que resultan imposibles en la realidad.

El arte nos libera de la dictadura de la realidad.

—Boris Groys.

En estos últimos años, mi trabajo artístico se ha enfocado especialmente en aspectos puntuales de mi historia personal. Así, he desarrollado mis obras a partir de algunas de esas experiencias —especialmente las que siento que fueron más reveladoras— y de los artistas a quienes considero referentes, tanto por su influencia en mi trayectoria profesional como por su profundo impacto en nuestra cultura.

En el contexto contemporáneo, donde muchos creen que la historia no tiene relevancia, me encuentro en un regreso continuo hacia aquellos aspectos que, desde mi punto de vista, muchas veces quedan ocultos. Así, desde los más diversos soportes en los que se puede expresar el arte, creo que el ambiente y la situación de trabajo impactan directamente en la forma en que construimos la relación entre la obra y el espectador.

Uno de los temas que emerge con más frecuencia tiene que ver con el vacío. De ahí que mis producciones adopten varias formas y modalidades, destinadas todas a atraer a las audiencias y, al mismo tiempo, orientadas a hacia un consumo activo; a propiciar una mirada que es, a la vez, de testigo y de coautor. Precisamente, es a través de esa interacción que se generan nuevos sentidos; ciclos nuevos e impredecibles de pensamientos y de asociaciones significantes. Una oportunidad experimental para desafiar las percepciones, las perspectivas y las suposiciones de cada individuo.

Así, mi proyecto #Amor89 es una historia de capas múltiples, orientada a interpelarnos acerca del amor. En sí, la idea original nace en forma lúdica, al quitarle a un texto de amor las letras que forman el vocablo “amor”. Una danza cadenciosa de palabras cuyos significados quedan ocultos al espectador; ése es el disparador para captar la atención del mismo y, de ese modo, proponer el comienzo a un viaje por los distintos lenguajes que dialogan en la pieza artística. Amor, deseo, pasión, ilusión, sufrimiento, placer, goce, desilusión; todos están implícitos en la obra a través de un diálogo entre occidente y oriente. La lógica binaria versus el I Ching. Y finalmente, se presenta a la fragmentación de los hexagramas como una pregunta, o como una forma de simbolizar el quiebre que nos lleva hacia aquel vacío: ¿qué nos queda cuando desaparece el amor?

Roxana Herz.

 

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